domingo, 29 de marzo de 2015

CRONIQUEO DE BACHATA EN LA ZONA

Las bachatas viejas que oí en la guagua que me llevaba de Don Juan a Santo Domingo me parecieron en principio una premonición de la noche. Y en un momento, el perfume alcoholizado de un pasajero insinuó un desmadre de aúpa. Llegué a la parada del metro, un carrito y 30 minutos después caminé Conde abajo hasta la calle Isabel La Católica, habría tertulia Bachatera: “El último eslabón perdido en la casa de empeño de un músico en amargue”. En La Isabel La Católica tuve que hacer un rodeo para sortear la construcción, darme en la frente con el cable extensor de un poste de luz y tropezar con uno de los desniveles. “Ven a llevarte, que la calle ‘tá muy rota y tú no va podé llegá”, me dijo Carlos el panita que vende collares y discos a los turistas. Cruzamos un pedregal, varias plataformas de madera. Le dimos paso a un racimo de estudiantes gringos que atravesaban el senderito por el que tendría que pasar. Finalmente ahí estuvo el Museo de las Telecomunicaciones. Al entrar: Una bachata de Teodoro Reyes suena en el salón. En pequeños muebles unos pocos asistentes, entre ellos el italiano bachatero que le hizo un homenaje a Robin Cariño y cantó con el poeta Ramón Torres. Gente a la que tenía tiempo sin ver y un trago del licor de rosas que venden los chinos. De Teodoro las bocinas pasan a Leonardo Paniagua. Son las siete y media, ya sé que uno de los expositores no vendrá y que el otro aún no ha llegado. Entre tanto, Edwin Castillo presenta a los presentes a un bachatero aún desconocido, más gente se deja caer por el saloncito. Poco a poco se llena el espacio y en las conversaciones ha salido varias veces la vida de los cabarets y viejas conchinchinas en las que la bachata tuvo sus inicios. Llega Joaquín castillo justo cuando Ricardo cabrera iba a comenzar su exposición sobre Luis Vargas. Joaquín saluda, todos sabemos que tenía la única excusa que en el mundo valida sin discusión una tardanza. Con él se unió Reina Lissette a los asistentes. Con los dos expositores listos para una suerte de jameo, quedaba solo tertuliar. Joaquín habló de Marino Pérez, el desgarre de su forma de cantar, la vida bohemia que tuvo. Ayudado por Edwin contó de la vez en que un productor le pagó uno de sus álbumes con más de mil botellas de ron. Citó algunos recursos poéticos utilizados por Marinito, la costumbre de armar historias cotidianas con una mujer o un compadre de bebidas: “Tráiganme otra botella a ver si encuentro en ella el trago de olvidar”. Ricardo comenzó su lectura citando a Gadamer, habló del ápeiron y cuatro kilómetros de argumentos más tarde dejó caer como un puñetazo su análisis de El Loco de Luis Vargas. Habló de epopeya, amor a lo Tristán e Isolda, recursos musicales, la guitarra laser y la evocación de Los Trabajos y Los Días que sugieren las peripecias del cantor. Al concluir, Edwin habló otra vez del cabaret como impulsor del baile de bachata. Y ahora no me acuerdo si aquí volvió a presentar la representación de las estatuas vivas que antes de Ricardo hicieron una interpretación de bailadores de bachata. Las estatuas con más movimiento de las que nunca antes tuve noticia. Lady Laura a mi lado me comentaba lo que hacían, como caminaban y bailaban: “Un fenómeno de estatuas”. Después Edwin habló otro rato sobre importancia del baile, del cabaret, como volvería a hacerlo en todas sus participaciones de la noche. Presentó al italiano, quien contó su historia con el género, habló de Trujillo, de la marginalidad que sufrió en cierta época la bachata y quedó de participar otro día en una tertulia concierto sobre ramón Torres el poeta. Otra vez Edwin moderó. Un sociólogo resaltó la importancia de que dos poetas como Joaquín y Ricardo se interesaran en hablar de bachata. Aunque no recuerdo si fue antes o después del italiano, tampoco importa mucho el orden. Lo que sí dijo es que otros ritmos tienen sus poetas, el son a Nicolás Guillén y la salsa a otro poeta que no escuché. Nunca dijo quién es el de la bachata. El sociólogo siguió una crónica sobre los antecedentes del género, contó que bachata antes significaba fiesta, bebedera, música improvisada. Habló de la Cueva de las Golondrinas que quedaba cerca de donde hoy está Plaza España, ahí, dijo, se reunían músicos a cantar con sus guitarras.. Entre el sociólogo y el italiano Lady Laura que suele tener la palabra precisa para cada tapón suelto me preguntó: “¿Y a qué hora empieza la tertulia?” Yo río, Edwin presenta a Álex Núñez u otro apellido que no recuerdo: “Yo no sé mucho de bachata. Yo siempre me junto con los roqueros y músicos de jazz, pero Edwin fue el otro día al programa que yo conduzco, Música Maestro y me contó un poco la historia de este evento y de la bachata”. Mientras Álex introducía su participación alguien al fondo a mi derecha susurró: “Wwannabe ”. Él no escuchó, siguió contándole al público su desconocimiento sobre bachata, pero el valor que tenía aunque él solo escuchara música en inglés, fuera escritor, hiciera documentales, latin jazz y afro jazz. Después resaltó lo lejos que había llegado la bachata, citó a Romeo. Intenté hacerle una aclaración caritativa, él resaltó entonces el valor internacional de romeo. Creo que intentaba plantear el nuevo
betselerismo
musical. Después habló del cine, se detuvo en el currículum de Laura Amelia Guzmán. Narró la historia de varias películas de Laura, hizo énfasis una y otra vez en lo importante que era Dólares De Arena: “Yo creo que dólares De arena fue la película más importante que se hizo en este país en 2014”. El tipo que escuchaba desde mi asiento, a la izquierda de Lady Laura, tamborileaba con los zapatos en el piso y le preguntó: “Loco ¿Cuál es el punto?”. “Ya voy a llegar al punto”. Entonces contó cómo la película había llegado a países en los que ni Juan Luis guerra había pisado. Hizo un poco la historia de la hija de Charlie Chaplin. Lady me dijo: “Esto está casi vacío, todo el mundo se está yendo”. Luego Álex llegó al punto, en Dólares De arena se utiliza la música de Ramón Cordero en la banda sonora. Hizo ahí un alto para regresar a Romeo: “Lady vámonos de aquí”. Cogí mi mochila y salí junto a Lady. Afuera Ricardo, Joaquín, reina Lissette y otros comentaban el éxito de la tertulia que acabó sin llegar a ser tertulia como tal. Pero en serio, el licor de rosas sabía bastante bien y ahí hacía una brisita muy buena. El eslabón empeñado de la cadena del bachatero, seguro que se perdió, por lo menos ahí. Luego en el parque duarte alguien mitificó a un ciego que preguntó “¿Cuál es el punto?”, se paró y se fue.

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