viernes, 8 de mayo de 2015

CRONIQUEO: Cansinos Assens En La FIL

Un par de contactos de facebook hicieron publicaciones sobre los libros que habían encontrado en la caseta de Amargord Ediciones. Decían que había mucha poesía, incluyendo una compilación de poemas de Gertrude Stein, también que la atendía un español muy buena gente que hacía recomendaciones de acuerdo a los gustos. Con Ricardo Cabrera fui a la caseta, él ya la conocía. Ahí nos atendió el español, un sujeto más bien alto que contestaba todo precedido de la palabra “Macho”. Preguntamos por poesía oriental: Macho pues aquí tengo una antología de poesía japonesa. El libro es genial. En un ataque de emoción me dio por pensar en Murasaki Shikibu, pero no, tenía haikus sólo de 1700 en adelante. Volví a preguntar por poesía oriental, esta vez especificando que buscaba poetas persas: Macho pero es que no se puede tener todo. Luego pregunté, aún sabiendo la respuesta, si tenían la traducción de Las Mil Noches y Una Noche que hizo Rafael Cansinos. Ricardo me dijo que yo sabía que eso no estaba ahí: Macho, pero ¿Cómo conoces tú a Cansinos? Yo tengo todo de él. Le expliqué que buscaba esa traducción de Las Mil Noches y una Noche desde hacía un buen tiempo. Él contestó que era dificilísima de conseguir. Dijo que tenía libros de cansinos que ni siquiera su hijo había encontrado: Si quieres pásate en un rato y te cuento la vida completa de Cansinos. Me la conozco completa. Incluso sé cosas que ni su hijo sabía de Cansinos. Antes me había preguntado si sabía algo de su vida. Le conté de su disputa con Gómez De La Serna y de las reuniones de los ultraístas en bares nocturnos: Macho, lo que pasa es que Gómez de La Cerna se peleó con todo el mundo. Pero pásate en un rato que te cuento todo sobre Cansinos. Salimos de Amargord con la antología de poesía japonesa, el libro de Gertrude y La Cazadora vibrante de expectativa. En Café Bohemio estuvimos un rato. Otro español hizo una presentación sobre el Centro Cultural de España. Luego regresé a la caseta de Amargord. La caseta era visitada por mucha gente. A veces contestaba el español, otras veces alguno de los ayudantes que tenía. Sentado en una silla improvisada no terminaba de creer que en Santo Domingo a alguien le interesara Cansinos: Macho es que en este país no se lee. Lo tenéis difícil los lectores. Contó que en España casi no aparecen las obras de Rafael Cansinos, salvo en las librerías de viejo. Habló de las traducciones que tuvo que hacer para sobrevivir durante los días de la segunda guerra mundial: Él no pudo irse del país como hicieron otros artistas. Se quedó escondido. ¿Tú sabes que él era judío? Volvió a decirme lo difícil que eran de conseguir sus libros. Yo pensaba en cómo encontraría mi traducción de Las Mil Noches y Una Noche: Él tradujo a Goethe, todo Dostoyesvky. Cinco mil páginas de cada uno. Yo le pedí permiso al hijo para publicar uno de sus libros, pero me dijo que con una editora estaban editando su obra completa. Es medio gilipoyas el hijo. Una muchacha compró el libro de poesía japonesa que antes compré yo. Otro preguntó por cohélo: Cansinos se casó con su asistente estando muy mayor. Tuvo un solo hijo. Cuando el español volvió a decir que tenía todo lo de cansinos le pregunté si me vendía Las Mil Noches y Una Noche: Macho, pero es que no la vendería por nada. Con el trabajo que me ha costao conseguirla. Salí de la caseta con la sensación de que Rafael Cansinos se ponía más complicado. También con el mote de Cansiniano. El español repitió que un lector en Santo Domingo lo tenía muy difícil, sobre todo uno al que le interese cansinos assens. Esa noche alguien dijo que había visto Las Mil Noches y Una Noche en la caseta de José Libros. Resistí la tentación de ir a ver qué edición era. Ricardo me dijo: ¿Tú estás claro que esa no es la que buscas? Y sí, yo estaba claro. De todos modos tuve que ir a averiguar. El vendedor de José Libros me dijo que su edición era la más reciente de las publicadas en España. Pregunté si era traducida del árabe al español u otra. Dijo que era del árabe. Por un momento me alegré. No era la de cansinos pero podía ser la de Atalanta. Confirmó que era de ediciones Atalanta. El vendedor se negaba a que destapara la caja en la que estaban los volúmenes: Es que si lo destapan y no lo compran yo no puedo venderlo pa’lante. Sí, pero si la compro y no es la que busco, no me devolverás el dinero. Ricardo tenía la caja en las manos. Por ningún lado aparecían los datos editoriales. El vendedor repetía que era la edición más reciente de Atalanta. Ricardo volteó la caja. En la parte trasera decía: Traducida del alemán… No lo dejé terminar. Esa traducción yo ya la conocía y ni por asomo era la más reciente ni la publicada por Atalanta, menos la de Cansinos. En una conferencia sobre la “felicidad”, dictada por Enrique Verástegui pasé frente a un asiento en el que se encontraba el español. Mientras pasaba a su lado me saludó con un: ¡Adiós cansiniano! Me pareció que se reía porque aún no hallaba ni hallo mi traducción de Las Mil Noches y Una Noche. Otro día el español me alcanzó a ver cerca de su caseta, me llamó para que le diera el correo electrónico y mantener el contacto: Macho a ver si te escribo, cualquier cosa, sobre Cansinos. Mientras tanto leo mi traducción de la traducción de Mardrus y busco como Daulmacán. Ojalá el profeta, con él la plegaria y la paz, me beneficie como a muchos personajes.

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